Siempre había tenido ganas de regalarle chocolates a mi novia. Desafortunadamente ya no es mi novia pero la intención sigue siendo la misma: Decirle que la quiero con chocolates.
Las circunstancias no son iguales pero la Quiero y se lo puedo decir sin miedo o pena porque es en serio y nada me impide decirlo de frente y sinceramente.
He de mencionar que casi cualquier cosa que ella dice que le gusta queda grabada en mi mente sin que yo sea muy consciente y, de hecho, con ella simplemente me dan ganas de dar obsequios por tontos que parezcan o sean.
Eso es curioso porque ella justamente había dicho que le incomodaba que yo le diera cosas y ella no; sin embargo, lo sigo haciendo y de alguna forma parece más natural así.
Estos obsequios tampoco tienen la finalidad de conquistarla, simplemente demostrarle que es especial y que sigo estando ahí sin importar lo demás, aunque a veces yo la riegue, aunque a veces ella la riegue.
Y el chiste es que ella ya tiene sus chocolates, es feliz y yo lo soy también. En efecto, los chocolates son mágicos.
Las circunstancias no son iguales pero la Quiero y se lo puedo decir sin miedo o pena porque es en serio y nada me impide decirlo de frente y sinceramente.
He de mencionar que casi cualquier cosa que ella dice que le gusta queda grabada en mi mente sin que yo sea muy consciente y, de hecho, con ella simplemente me dan ganas de dar obsequios por tontos que parezcan o sean.
Eso es curioso porque ella justamente había dicho que le incomodaba que yo le diera cosas y ella no; sin embargo, lo sigo haciendo y de alguna forma parece más natural así.
Estos obsequios tampoco tienen la finalidad de conquistarla, simplemente demostrarle que es especial y que sigo estando ahí sin importar lo demás, aunque a veces yo la riegue, aunque a veces ella la riegue.
Y el chiste es que ella ya tiene sus chocolates, es feliz y yo lo soy también. En efecto, los chocolates son mágicos.
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